Interesante entrevista el psicólogo Claude Steiner
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lunes, 2 de noviembre de 2015
lunes, 19 de enero de 2015
Francesco Tonucci
El dibujo: siempre era el mejor. Recuerdo a las maestras acercándose al pizarrón para admirar mis dibujos. Pero lo cierto es que viví una experiencia escolar muy regular; cada año tenía miedo de no pasar de curso. Ahora sé que no hay ninguna relación entre el éxito escolar y el éxito en la vida. Esto es así porque, lamentablemente, la escuela tiene una relación muy escasa con la vida misma.
¿Cómo podrían acercarse ‘vida’ y ‘escuela’?
La experiencia de los niños debería ser el alimento de la escuela: su vida, sus sorpresas y sus descubrimientos. Mi maestro siempre nos hacía vaciar los bolsillos en clase, porque estaban llenos de testigos del mundo exterior: bichos, cuerdas, cromos, boliches…
Quería evitar distracciones.
Pues hoy un maestro debería hacer lo contrario, debería pedir a sus alumnos que le mostraran lo que llevan en los bolsillos. De esta forma la escuela se abriría a la vida, recibiendo a los niños con sus conocimientos y trabajando alrededor de ellos.
Si todo lo ponen los niños, ¿para qué necesitamos escuelas?
La escuela ofrece un método de trabajo, ofrece el cómo. El qué no es tan importante porque el contenido cambia. Hoy en día no queda nada de la geografía que yo estudié y, en cambio, nadie me enseñó a viajar, a conocer una nueva cultura. Lo que necesitan los alumnos de hoy, que serán adultos mañana -en un mañana que nosotros no podemos conocer-, son herramientas y ganas de aprender.
Para esto hace falta un buen maestro.
Claro. Un buen maestro es el que escucha a los niños, porque sabe que no están vacíos, sino que son ricos de una experiencia que él no conoce. Y, si no la conoce, ¿cómo va a proponer un contenido que les resulte interesante? Cada acción educativa tiene que empezar con una escucha, para recibir a los alumnos con lo que conocen y lo que saben hacer.
¿Y qué papel juegan las nuevas tecnologías y herramientas digitales comoTiching?
Las tecnologías son un gran invento pero no hay que olvidar que son un instrumento que solo vale si el que lo utiliza es bueno. Por eso los buenos maestros no solo necesitan estos instrumentos, ¡los estaban esperando! Yo conocí a grandes maestros que si hubieran vivido estos cambios habrían dicho: “menos mal que alguien lo ha pensado, porque estábamos haciendo un gran esfuerzo”. Son aquellos que utilizaban la imprenta para hacer un diario escolar, los que organizaban correspondencia con niños de otros países…
No todos los maestros piensan así.
Un maestro que usa el libro de texto de la primera página a la última -que es una forma lineal de enseñanza-, ¿qué puede hacer con un instrumento tan plástico y tan poderoso como un ordenador? Como mucho, lo puede humillar utilizándolo como libro de texto. No serán las tecnologías las que mejorarán las escuelas. Ni tampoco las leyes. Serán los buenos maestros.
¿Qué cambiaría usted de la escuela?
Todo. La escuela es una estructura absolutamente ajena a la vida social. Dentro de la escuela tenemos el aula, un espacio abstracto que se repite exactamente con la misma forma más de 20 veces. Y lo raro es que, en ella, con el mismo mobiliario y con los mismos instrumentos, los alumnos se quedan horas y horas sentados haciendo cualquier cosa: lengua, matemáticas, arte, música…
¿Dónde deberían estar, los alumnos, si no es en el aula?
Mi propuesta es renunciar a las aulas. Me imagino una escuela hecha de laboratorios y talleres fuertemente significativos en la que son los alumnos los que se mueven, no los adultos. El recorrido de un taller a otro les ayuda a cambiar el chip y con la ambientación de cada taller se acaban de situar en la materia que les toca.
Cómo sería, por ejemplo, el taller de lengua?
Podría ser una biblioteca. Un lugar con libros, donde pudiéramos leer y escribir. En cambio, una clase de matemáticas sería completamente diferente, con elementos de geometría, por ejemplo. La de ciencia tendría microambientes, animales, plantas, microscopios… Y el taller de arte no se parecería en nada a todo esto, sería de colores y en las paredes habría las obras de todos los niños y niñas.
Parece divertido.
Y esto son solo los espacios internos, pero también pienso en los externos. En vez de patio, pondría una huerta. El patio de la escuela de la mayoría de escuelas parece una plaza de toros, un lugar adecuado para descargar las energías que se han cargado demasiado en actividades no reconocidas y no aceptadas por los niños. Me gustaría una escuela sin recreo, porque si en las escuelas se aprendiera jugando, no haría falta que los niños se desahogaran.
Pero los niños piden el recreo.
Si por la mañana hiciéramos una escuela de verdad, que no molestara a los niños, no haría falta el recreo. Y por la tarde podrían vivir una experiencia verdadera y con autonomía fuera de la escuela, en las calles.
La ciudad es peligrosa para los niños.
La ciudad que yo propongo, no. Se trata de la Ciudad de los Niños y debe cumplir dos requisitos. El primero es renunciar a hacer parques y otros espacios para niños. En el momento en que la ciudad inventa espacios para niños está excluyendo a los niños de los espacios que deberían ser para todos. Aunque hoy en día no son para todos, son para los coches.
De acuerdo, una ciudad sin parques. ¿Y el segundo requisito?
El segundo es garantizar a todos los ciudadanos la posibilidad de moverse en su propia ciudad con seguridad. Para conseguirlo, hay que dar la vuelta a la jerarquía. En vez de intentar mejorar el tráfico, garanticemos primero la movilidad de los peatones. Después de los peatones, nos ocuparemos de las bicicletas y luego del transporte público. Los coches tienen que ser los últimos. Dando la vuelta a la jerarquía afirmamos que los primeros y los dueños de la ciudad son los peatones.
Esto en las grandes ciudades parece imposible.
En realidad no, porque la ciudad es una suma de barrios y la mayoría de la gente no sale de su barrio. En él tienen la escuela, las tiendas, el kiosco, la farmacia… Hay que considerar este espacio, el barrio, como sagrado, y no cortarlo con nada. Si hay que poner en marcha un sistema urbano de conexión rápida, se hará bordeando los barrios.
¿Y dentro de cada barrio?
Prioridad absoluta de los peatones. Esto significa que el camino de los peatones, que son las aceras, no se puede interrumpir nunca alrededor de las manzanas. Y, para cruzar la calle, no hay desnivel para el peatón; es el coche el que sube y baja para adaptarse a la acera.
¿Quién viene después de los peatones?
Las bicicletas. Hay que adaptar la ciudad a las bicicletas: con carril bici, aparcamientos… Llegados a este punto, nos daremos cuenta de que no hace tanta falta el transporte público, porque la gente prefiere ir andando o pedaleando. Por lo tanto, vamos a ahorrar con el servicio público y podremos hacerlo de mayor calidad.
Y ya les toca a los coches.
Sí, pero como lo hemos montado todo pensando en los peatones, los medios privados tendrán una vida más complicada. Si tienes prisa, es mejor que utilices el medio público o la bicicleta. Si vas en coche, tendrás que tener paciencia, porque te espera el camino más largo y más incómodo. De esta forma, si hay un accidente las consecuencias son mucho menores.
Así los niños podrían jugar en la calle.
¡Y esto les permitiría tener algo que contar en la escuela! Además, es muy importante que un adulto reconozca a su hijo el derecho de salir de casa
Así, cuando vuelve, es él quien explica lo que ha pasado, sin ser interrogado. Esto le da la capacidad de enfrentarse a la novedad, a lo desconocido. Y le proporciona el gran placer de poder contar su historia.
Fuente: http://painfantil.blogspot.com.ar/
Fundación Cuatrogatos, literatura infantil y lectura
Roberto Innocenti
domingo, 30 de junio de 2013
"La literatura, puente para convocar a los pueblos..."
Entrevista a la escritora argentina Liliana Cinetto
(...)Tengo el gusto de presentarles la entrevista a la escritora argentina Liliana Cinetto, autora de más de cien libros de literatura infantil y juvenil, y de otras obras en distintos géneros; y quien me dejó personalmente encantada de la literatura como una forma de conocer y vivir aquello que nunca hemos vivido, de rescatar nuestros sueños, de ser libres para forjar nuestros pensamientos con sólidos argumentos y de encontrar amigos que por doquier, comparten el gusto por las letras. En suma, Liliana me confirma que la literatura puede ser un puente espacioso para convocar a los pueblos y participar de miles de aventuras y cosas guardada en el corazón del universo. ¿Acaso esto no es globalización?
(...)Tengo el gusto de presentarles la entrevista a la escritora argentina Liliana Cinetto, autora de más de cien libros de literatura infantil y juvenil, y de otras obras en distintos géneros; y quien me dejó personalmente encantada de la literatura como una forma de conocer y vivir aquello que nunca hemos vivido, de rescatar nuestros sueños, de ser libres para forjar nuestros pensamientos con sólidos argumentos y de encontrar amigos que por doquier, comparten el gusto por las letras. En suma, Liliana me confirma que la literatura puede ser un puente espacioso para convocar a los pueblos y participar de miles de aventuras y cosas guardada en el corazón del universo. ¿Acaso esto no es globalización?
Por otra parte, la historia que Liliana devana en esta entrevista me confirma cada vez más, que el impulso temprano del hábito de la lectura por los padres a sus hijos, es fundamental para crear lectores ávidos que conviertan la lectura de un hábito a un placer y un estilo de vida diferente. Quizás, no haya un regalo tan valioso y perenne para un niño, como un buen libro, que le lleve de la mano al mundo de la imaginación, donde todo es posible y los sueños se hacen realidad.
Precisamente, esta es una de las característica de esta talentosa y recursiva escritora, quien a poca edad, se convenció que en su casa no había mucho dinero para gastar, pero si se dio cuenta que en la casona donde vivía con sus padres, existía una biblioteca, que paulatinamente se transformó en la puerta mágica para explorar nuevos mundos y los resultados no se dieron a esperar, Liliana, hoy por hoy, es una extraordinaria escritora hecha de poesía, humor, canticos y amor por los libros y la vida, porque a la final, la vida es una poesía que se teje con distintas palabras y a ritmos diferentes, pero poesía al fin. Veamos que nos comentó Liliana en la entrevista a María Publishing, pero antes, debo agradecer públicamente a Liliana por tomar un poco de su tiempo y compartir con nosotros estas anécdotas y vivencias que a leguas, le salen del alama.
1. Liliana me encantaría que le contaras a los seguidores de María Publishing en Colombia, quién es Liliana Cinetto, dónde naciste y a qué te dedicas.
Nací en el barrio porteño de Boedo, en Buenos Aires, Argentina, donde estudié el profesorado para la enseñanza primaria y la carrera de Letras en la Universidad, y soy escritora, autora de más de cien libros para niños. También desde hace muchos años cuento historias. pero me dedico solo a escribir.
2. Liliana cuéntanos un poco de tu niñez y cómo te viste influenciada por las letras desde este periodo de tu vida.
Yo vivía cuando era chica en una antigua casona con una gran biblioteca. Mis padres no tenían demasiado dinero porque mamá era maestra y papá trabajaba en dos lugares. Por eso no tenía juguetes caros, pero nunca me faltaron los libros. Mis padres compraban uno todos los meses cuando cobraban el sueldo y ese nuevo libro se incorporaba a la vasta biblioteca que era además mi lugar preferido. Allí jugaba y leía, leía y jugaba y era tan feliz leyendo que decidí en esa época que iba a ser escritora. De hecho tengo guardada una hojita de cuaderno de tercer grado en la que están escritas mis primeras poesías. Para mí escribir o leer no tenía nada que ver con la escuela. No lo hacía por pedido de la maestra, sino por puro placer. Desde que tomé la decisión de ser escritora, nunca dejé de escribir. En la primaria escribía poemas, en la secundaria empecé a escribir mis primeros cuentos y así seguí hasta que un día publiqué mi primer libro.
3. ¿Cómo te defines como escritora, como mujer y como madre porque creo que en cada mujer hay una madre en su interior?
Soy muy exigente. Como escritora, como mujer y como madre. Y si no, pregúntenles a mis tres hijos. Pongo mucho amor, mucha pasión y mucha energía en todo lo que hago. No sé vivir de otra manera más que dejando el alma en cada libro que escribo y en cada gesto. También soy muy cariñosa. Creo que es importante demostrar los afectos siempre.
4. ¿Cómo te iniciaste en el oficio de la escritura y qué tipo de obras te gusta más escribir, con qué género literario te sientes más cómoda?
Como te dije, escribí toda mi vida. Sin más guía al principio que mi instinto y mis lecturas. Mientras estudiaba Letras asistí a talleres de escritura que me enseñaron secretos del oficio. Allí aprendí a releer, a corregir, a dudar, a reescribir, a cambiar… Y un día publiqué mi primer libro y comenzó una etapa profesional.
Yo escribo poesía, cuento y novela y escribo para todas las edades, incluso tengo un libro para adultos publicado en España porque gané allá un primer premio en un concurso, el Alfonso Grosso. Me gusta variar. Creo que eso enriquece mi escritura, le da aire, evita los estereotipos y la comodidad, siempre peligrosa para un artista. Es cierto que a la hora de elegir, prefiero escribir poesía. Me encanta. Es el género en donde siento que el trabajo de escritura es más artesanal y donde siento que está la literatura en carne viva, en estado más puro porque hay un tratamiento diferente de la palabra. También me gusta escribir novelas porque amo leer novelas supongo. Me gusta eso de sumergirme en una historia, respirar esa atmósfera especial, palpitar ese universo único que uno crea para una novela donde puede detenerse en detalles, en personajes secundarios, en recovecos de la acción… algo que no permite el cuento, el género que me provoca más desafíos, como a muchos escritores, porque lo que prima es la economía de recursos. No debe haber nada de más, todo debe ser en su justa medida, comenzando claro por la extensión.
En cuanto a temáticas, me encanta escribir historias de humor. Mezclar de pronto personajes como monstruos, vampiros, brujas, en situaciones tan insólitas y diferentes como hice en Rap del vampiro, en El espantoso monstruo del pantano, cuyo personaje es un monstruo sí, pero tímido, en La bruja Hermelinda que pierde la memoria, en una obra que ya se publicó en Francia y en Inglaterra, además de Argentina: ¡Mamá, los monstruos! donde brujas, fantasmas, monstruos y ogros no son tan temibles… El humor está presente en toda mi obra, incluso en mi obra poética. Por ejemplo, en “Veinte poesías de amor y un cuento desesperado”, donde el amor se funde con la risa en muchos poemas. O en Problemas en el ropero y otros versos diversos. Creo que el humor es sumamente difícil, pero es maravilloso y verdaderamente abre puertas. Las puertas de la vida, las puertas del amor, las puertas de la amistad, las puertas del conocimiento… Por ejemplo en La tragicomedia de Teodoupoulus Miriniaquis que es una parodia de los trabajos de Hércules el humor me permitió meterme en un mundo como el de la mitología griega, de por sí complejo, y hacerlo accesible para los chicos. O en Monstruario el humor fue un aliado indispensable para encarar una obra con un formato textual enciclopédico, nada interesante para un chico, en el que describo humorísticamente cincuenta personajes escalofriantes que merodean por la literatura invitando además a leer las obras en la que aparecen. Sin el humor no se hubiera convertido en un libro tan atractivo, sino en un mero diccionario. Pero además, en este y en muchos otros casos, el humor, al ser tan democrático, me permite que un libro pueda ser disfrutado no solo por un cierto público infantil, sino por todos, padres, maestros, adultos mediadores… Porque el humor tiene distintos matices que amplían el espectro lector.
Aunque el humor es mi preferido, no solo escribo historias divertidas, disparatadas, desopilantes… También me pongo seria a veces y encaro novelas policiales como El libro perdido, mi primera novela para jóvenes y adultos. O me atrevo al terror como en Cuentos que hielan la sangre y en El pozo y otros cuentos inquietantes. Lo hago porque como te dije, variar temáticas, géneros, registros…me obliga a múltiples lecturas que enriquecen mi escritura.
5. Háblanos de aquella obra que más te haya impactado por su exigencia o por el significado personal que tiene en tu vida, aunque sé que para los escritores todas las obras son especiales.
No puedo elegir una obra en particular. Estoy orgullosa de todos mis libros. Es como que me preguntes a cuál de mis tres hijos quiero más y los quiero a los tres. Con algunos me llevo mejor que con otros. Con algunos discuto más. Pero el amor es incondicional. Y lo mismo me pasa con mis libros que son, como digo siempre, mis hijos de papel. En cuanto a la exigencia, ha sido la misma para todas mis obras.
6. ¿En qué te inspiras al escribir tus obras?
En todo: en recuerdos, en experiencias, en cosas que me pasan, en cosas que me cuentan, en la vida y fundamentalmente en la literatura. Yo leo mucho mientras escribo. Leo libros relacionados con lo que estoy escribiendo. Si escribo poesía, leo poesía. Si escribo cuentos de terror, leo cuentos de terror. No para copiar ni para imitar, sino para inspirarme justamente. Porque de algún modo lo que leo impregna mi escritura, la nutre, le da aliento… Pero además porque entre las palabras se esconden las ideas. Lo que pasa es que la inspiración es muy caprichosa. Es una creencia que viene del romanticismo literario. Y la verdad es que si uno espera estar inspirado, no escribe nunca. O lo hace muy poco. A veces uno tiene la suerte de sentirse tocado por la magia de la inspiración, pero cuando no es así, hay que reemplazarla con trabajo. Alguien me dijo una vez que, en el oficio de escritor, hay un 10 % de inspiración y un 90% de transpiración. Y bastante de eso hay. Yo escribo todos los días. No todo lo que escribo me gusta, claro. Y tiro muchas cosas a la basura o a la papelera virtual. Pero, a veces, escondida entre las palabras, aparece la idea. Y luego, sólo tengo que tirar de ella, como si fuera la punta de un ovillo. En esos momentos el texto fluye, desbordado e impetuoso como un río de deshielo. Entonces, escribo y escribo hasta que siento que ya no me queda nada por decir. Y empieza la segunda etapa: la más ardua. La de la corrección. No es fácil tomar distancia del texto propio y tener el pulso firme para sacar esto o cambiar aquello. Por eso, yo dejo mis textos un tiempo, antes de retomarlos y corregirlos. Cuanto más tiempo pasa, mejor. Más fácil me resulta corregirlos. Si después de un tiempo, los releo y me gustan, sé que van por buen camino.
7. ¿Cuál es el mensaje central de ellas?
No hay mensaje en mis obras. La literatura no intenta dejar o trasmitir mensajes. Dice cosas, sí. Nos moviliza, nos hace pensar, nos emociona, nos conmueve… siempre a través de la historia que está contando, siempre a través de sus palabras, de ese modo único de decir que le es propio. Pero no pretende dejar mensaje alguno. Los verdaderos escritores no intentan dar mensajes a través de su obra y aquellos que escriben tratando de dar un mensaje no hacen literatura. Porque la literatura debe despertar en nosotros pensamientos y sentimientos, sí, pero esos sentimientos y esos pensamientos no pueden ser los que propone el autor, sino los que el texto provoca en el lector. Por eso habrá tantos sentimientos y pensamientos como lectores y a la vez serán todos diferentes, porque cada lector es único, irrepetible… Para mí esto es fundamental. En la literatura, y sobre todo en literatura infantil, hay que tener cuidado, sospechar de los que escriben con moraleja, desconfiar de los que intentan bajar línea…
8. Liliana como docente y escritora, qué le recomiendas a los padres para que impulsen el hábito de la lectura en sus hijos.
Un lector no se forma de un día para el otro A veces lleva años, a veces toda una vida... No basta con la pura alfabetización que propone la escuela. Para que un niño se convierta en lector (y al decir lector digo alguien que elige leer porque la lectura le da placer, porque los libros le dan felicidad) deberá recorrer un camino más o menos intrincado. Depende de muchas cosas, pero claramente los primeros pasos en ese camino son fundamentales. No será igual la relación con los libros si un niño se cría en un hogar en el que hay libros, si tiene padres que le cantan, le leen o le cuentan historias cada noche, si los libros solo aparecen en su vida cuando llega a la escuela… Lo ideal es que la lectura se convierte para él en una opción y una elección y sobre todo en una pasión y no, en una obligación… Para eso las acciones de los padres son fundamentales.
Para un niño todo lo que comparte con sus seres queridos es doblemente importante. Y aunque la lectura es en esencia un acto solitario, al comienzo necesita del adulto para que le lea, le cante, le cuente… Es fundamental asimismo crear un momento dentro de la rutina diaria donde la lectura esté presente. Un momento donde los poemas, los cuentos, los libros sean los protagonistas. Pueden ser contados, cantados, leídos, narrados… El ratito antes de ir a dormir es ideal. Se aquietan los ruidos y la noche invita al silencio y a la tranquilidad. Hay que leerles o narrarles desde que son así de chiquititos y enseguidita hay que acercarlos a los libros para que empiecen a formar parte de su vida. Cuanto antes, mejor. Que los cuiden, claro, pero también que los manipulen, los hojeen, los lleven a la cama, los pongan debajo de la almohada, los lean y los relean...
Compartir la lectura con nuestros hijos durante toda su vida es importantísimo. Por un lado, los chicos necesitan que los acompañemos al principio cuando todavía no leen o cuando se están formando como lectores, pero es importante también, cuando los chicos ya son lectores, no dejar de acompañarlos: leer los libros que ellos leen, recomendarles otros, intercambiar opiniones... Un simple gesto que demuestra que nos interesa lo que están leyendo.
Y mil cosas más: visitar juntos una librería y demorarse intencionalmente en elegir y compra o ir juntos a una biblioteca para demostrar que el tiempo que se le dedica a la literatura no es tiempo perdido. ¿Qué hacer, si no quieren leer? Leerles o narrarles. No conozco chico por rebelde que sea que se resista a que alguien le cuente una historia. Hacer acuerdos con los chicos que ya saben leer, pero se ponen vagos. Leer un libro por mes, por ejemplo. Y predicar con el ejemplo. Si los chicos no ven que sus padres leen libros (no diarios ni revistas, libros), si en una casa no hay una biblioteca, si escuchan frases como: "Y los libros son caros...", si uno no está convencido de que la vida sin literatura es más triste y más pobre, si el adulto no demuestra que él también disfruta con la lectura y es un lector empedernido, no podemos pedir un milagro. De todos modos, si uno les ha leído o contado o cantado desde bebés, si ellos han crecido rodeados de libros y de poesías e historias, es difícil que no se conviertan en lectores.
9. ¿Qué obras le sugieres los padres para que le lean a sus hijos?
Para mí, es importante darle un lugar de privilegio a la poesía, género imprescindible que es la puerta de entrada a la literatura. No sólo porque a los más chiquitos les fascina la rima y la musicalidad de las palabras, sino porque su brevedad favorece a los pequeños, que tienen un período de escucha breve y a los lectores principiantes, a quienes a veces desalienta un libro con muchas letras. Tampoco deben faltar los cuentos populares, los tradicionales o clásicos desde Caperucita y Blanca Nieves hasta El gato con botas y Barba Azul. Hay que elegir, eso sí, buenas versiones, versiones cuidadas en las que se respeten los elementos que esos cuentos tenían originalmente. Al ser textos muy conocidos pululan por allí ediciones con textos horrendos que eliminan partes fundamentales de esas historias. No hay que olvidar que todos los elementos de un cuento popular son símbolos, sabiamente acuñados por la humanidad durante siglos que el niño sabrá interpretar y decodificar y que le servirán para espantar sus miedos inconscientes. El adulto no debe asustarse con los cuentos clásicos que a veces le parecen crueles. Para el niño que necesita modelos claros para crecer con una psiquis sana, el cuento tradicional es una fuente de sabiduría ancestral. Yo he hecho versiones de casi todos los cuentos clásicos o tradicionales porque me encantan y creo en su valor, siempre que como digo no se cercenen nada de las versiones originales. Las escribí con mi propio estilo, aguijonándolas en algunos casos, para acercarlas al universo contemporáneo, con toques de humor, como me gusta, pero respetando a rajatabla lo que aparece en las versiones de Perrault, de los Hermanos Grimm, de Andersen…
Por supuesto además de poesía y cuentos populares debe haber textos literarios o sea textos de autor. La oferta de libros infantiles en este momento es variada y hay que ser cuidadoso. Escribir y hacer libros para chicos es algo grande. Por eso es muy importante elegir textos verdaderamente literarios buscando buenos autores de literatura infantil y juvenil y editoriales serias que nos garanticen calidad literaria y libros que responden a los intereses de los chicos en distintas edades. ¡Ah! Y no caer en la tentación de comprar las historias del personaje de dibujitos animados o de la muñeca de moda porque ellos se arreglan solos para llegar a manos de los chicos. Mucho menos como te dije, libros con mensajes o valores. Por último hay que recordar que los chicos pueden y deben leer muchos tipos de textos, pero el texto literario es único e insustituible y no pretende informar ni enseñar ni dejar moraleja, sino abrir ventanas a mundos posibles e imaginarios.
10. Liliana ¿cuál crees tú que es el papel del docente en el siglo XXI, cuáles son sus principales retos?
Creo que los docentes enfrentan en el siglo XXI varios desafíos. La globalización, el uso de nuevas tecnologías y la redefinición del rol docente son solo algunas de ellas. No es nada sencillo. Para mí que además ejercí la docencia, es un trabajo muy arduo, no siempre bien remunerado, poco gratificante en muchos aspectos, maravilloso en otros, cuestionado siempre, infinitamente complicado… Por eso siempre estoy del lado de los docentes. Siempre los apoyo. Creo que a veces están demasiado solos y la sociedad, la familia, el estado les pide que se hagan cargo de todo lo que ellos no hacen. Particularmente, en este sentido, creo que una de las cosas que implica un gran reto para los docentes hoy en día es promover la lectura. Antes eso era responsabilidad solo de las familias. Los chicos se criaban en casas donde había libros, con padres lectores, y la escuela se ocupaba de otras cosas: la repetición memorística de datos, la lectura en voz alta, la caligrafía… Ahora depende más de la escuela que por suerte crea bibliotecas de aula, planes lectores, propuestas donde el leer por placer encuentra un espacio.
11. ¿Qué mensajes le das a tus pequeños lectores?
En mis libros ninguno. Como persona, que lean. Los libros abren puertas siempre. Uno solo debe buscar aquello que le gusta leer porque como lector tiene derecho a elegir, a cerrar un libro que no le atrae y a buscar otro. Las cosas materiales, los viajes que he hecho, los amigos que conocí y tanto más se lo debo a los libros. No imagino mi vida sin ellos. Soy feliz leyendo y escribo para que los chicos sean felices como yo. Quiero un mundo en el que no falten libros en la infancia. Porque leer nos hace libres.
12. Qué obra u obras colombianas te gustan?
Odio esta pregunta porque siempre me olvido de alguien. Pero si no me queda más remedio que responder, debo decir para empezar que me gusta el gran Gabo, claro. Gabriel García Márquez fue, es y será siempre uno de mis preferidos. Me gustan y mucho también y ya en el campo de la literatura infantil Triunfo Arciniegas, Yolanda Reyes, Ivar da Coll y alguien a quien tuve la suerte de conocer además personalmente, Jairo Aníbal Niño, que me regaló sus libros y me maravilló con su poética ternura. Y seguramente me olvido de alguien y luego me voy a arrepentir de haber respondido esta pregunta que odio.
13. ¿Qué le recomendarías a los escritores nuevos que intentan emerger y publicar sus obras?
Que no se den por vencidos. A Gabriel García Márquez le rechazaron en nueve editoriales Cien años de soledad. Por eso uno debe estar dispuesto a que lo rechacen al menos nueve veces. Pero además deben leer. Y mucho. Un escritor lee más que lo que escribe porque en la lectura aprende, se nutre, crece… Que corrijan lo que escriben. Hasta el cansancio. Una, dos, mil veces… Que jamás se la crean. La vanidad es el peor enemigo de un artista. Uno siempre debe dudar. Y que trabajen. El arte es también un trabajo. Que demanda horas, días, meses, años, una vida…
14. Si tuvieses la oportunidad de cambiar algo en el mundo qué cambiarías.
¡Qué difícil! Cambiaría muchas cosas. La injusticia, el odio, la maldad, la incomprensión, los prejuicios, la intolerancia, la ignorancia, la violencia… Hay tanto que cambiar…
15. ¿Cuál es tu fórmula mágica para alcanzar la felicidad? si tienes alguna fórmula compártela con nosotros.
Vivir cada día como si fuera la primera y la última vez. Tratar de ser feliz con las pequeñas cosas. Perseguir los sueños con ahínco. Y amar. Mucho.
16. Cuando partas de esta vida cómo quieres que te recuerden.
Como alguien que amó y mucho. Que amó la vida. Y que amó su trabajo. Y que amó a los seres que la rodeaban. Y que amó la literatura que es una forma de vencer a la muerte.
17. Qué proyectos futuros tiene Liliana Cinetto para compartirnos.
Ya lo he dicho alguna vez. Más que proyectos tengo sueños. Son sueños sencillos. Algunos tienen que ver con mis afectos. Que mis hijos encuentren su vocación y logren vivir de ella, como me ocurrió a mí. Que el amor los espere en una esquina de la vida para hacerlos sonreír. Que algún día pueda viajar al pueblo de mis abuelos, en Italia. Otros son sueños literarios. Seguir escribiendo y publicando, claro. Cada vez más. Escribir esa novela para adultos que me ronda desde hace tiempo. Y sobre todo escribir mi mejor página, aquella que me haga para los que me leen una autora inolvidable.(...)
María Publishing
24 de junio de 2013
Fuente: Entrevista a Liliana Cinetto por María Publishing
http://www.lilianacinetto.com.ar/
martes, 28 de mayo de 2013
viernes, 28 de septiembre de 2012
"Cada niño lector que se pierde termina siendo un adulto menos apto para vida"
Por Mónica Cazón | Para LA GACETA - Tucumán
- ¿Qué podemos hacer los padres para guiar a nuestros hijos a la lectura?
- Si los padres son lectores, ya encuentran en su propia historia personal el camino que los llevó a la lectura. Ahora, si los padres no son lectores, hay un problema. Cuando los niños no ven libros en sus casas o no ven a sus padres leyendo, cuando el libro no forma parte de lo cotidiano, entonces es difícil despertar su interés. El niño es un gran imitador. Si nos ven felizmente leyendo un libro, un diario o una revista, ellos verán que hay un mundo que atrapa a los padres. Y de ese modo es más fácil que lleguen a ser lectores. Lo segundo que hay que tener en cuenta es que hay que leerles. Antes de dormir, en los viajes, cuando se enferman. A veces no es fácil porque los padres trabajan, están ocupados o muy cansados, pero hay que hacer el esfuerzo. El mismo esfuerzo que hacemos para comprarles sus medicinas o sus zapatillas. Criar hijos implica un gran trabajo. Yo creo que la parte más placentera del trabajo es jugar con ellos y leerles. También tiene que haber libros al alcance de los chicos. En la casa, en las bibliotecas del barrio, en la escuela o a través del intercambio. Los padres deben tener la convicción del beneficio de la lectura. Hay casos en los cuales un niño dice "en mi casa no había libros pero yo me volvía loco por ellos" pero son casos excepcionales.
- Creo que también es importante que los chicos elijan leer. ¿Cuál es la clave para lograrlo?
- Leer enseña a elegir; es como un círculo virtuoso. No es que hay que enseñarles a elegir un buen libro. A medida que se avanza en la lectura hay un proceso que se produce solo. La destreza con la lectura enseña el camino. Es como una práctica; si jugás al fútbol con asiduidad, ese entrenamiento irá produciendo destrezas cada vez más exquisitas. Lo mismo ocurre con los libros. Hay que recorrer un camino, como si trepáramos a una montaña para llegar a la cumbre.
- ¿Podemos formar seres pensantes y libres sin la lectura?
- Podemos ser pensantes y libres sin la lectura pero, por supuesto, leer nos ayuda a alcanzar la comprensión del mundo y nos abre un horizonte.
- En la Argentina hay referentes muy importantes de la literatura infantil y, sin embargo, nuestro país ha tenido resultados muy pobres en las pruebas internacionales de comprensión lectora. ¿Por qué crees que ocurre esto?
- Porque creo que no se educa en el esfuerzo. Los padres creen que el esfuerzo de los hijos tiene que ser premiado con entretenimientos, regalos, mimos exagerados. En cambio la educación en el esfuerzo es ayudarles a entender que el esfuerzo es parte del ejercicio vital; que después de él, hay algún tipo de compensación. Creo que en la Argentina la educación por el esfuerzo no está bien vista. Y se nota en la disputa de los padres con los educadores cuando les ponen una mala nota. Los jueguitos electrónicos, la playstation, conforman otro extremo muy doloroso del abandono que padecen los chicos. Cada niño lector que se pierde con todos estos problemas termina siendo un analfabeto funcional, un adulto menos apto para ciertos trabajos, menos apto para la vida. © LA GACETA
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Mempo Giardinelli
"El único camino genuino hacia el conocimiento es la lectura"
jueves, 6 de septiembre de 2012
“Los niños tienen derecho a leer historias serias: pueden ser divertidas, trágicas, dramáticas, pero tienen que ser serias.” Entrevista con el ilustrador Nikolaus Heidelbach
miércoles, 5 de septiembre de 2012
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