martes, 3 de enero de 2017


¿Qué aporta la neurociencia al mundo del aprendizaje?


Máster en Neuroeducación
Aprender es, en esencia, ser capaz de sobrevivir. El hombre aprendió como hacer fuego para calentarse y cocinar la carne y, así, enfermar menos. Aprendió a cultivar la tierra para asegurar alimento independientemente de la suerte en la caza y construyó viviendas que resistieran a la lluvia y el frío. Aprendiendo el hombre se forjó un futuro y solo así aseguró la continuidad de la especie. La neuroeducación es mirar la evolución biológica y aprender de ella para aplicarla a nuestros procesos educativos.
El cerebro sigue siendo un gran desconocido, pero hace 30 años aún lo era más. Los avances en neurociencias han permitido comprender cómo funciona el cerebro y ver el importante papel que la curiosidad y la emoción tienen en la adquisición de nuevos conocimientos. En la actualidad se ha demostrado científicamente que la adquisición de conocimientos, ya sean en las aulas o en la vida, no se consigue al memorizar, ni al repetir una y otra vez, sino al hacer, experimentar y, sobre todo, emocionarnos. La emoción, los sentimientos, sus mecanismos cerebrales y su expresión en la conducta son el pilar esencial que los profesionales de la educación deben conocer para construir las bases sólidas de la enseñanza.
Muchas personas han olvidado el nombre de los Reyes Godos o la fórmula para calcular la velocidad de caída de un cuerpo pero, en cambio, recuerdan lo divertidas que eran las clases de ese profesor en especial (puede que de mates, lengua, historia… cada uno tendrá el suyo) que despertaba su interés con ejercicios prácticos e historias sobre cada tema. Fue él quien consiguió despertar tu atención e interés, y por él que decidiste estudiar lo que después estudiaste… La emoción es fundamental en el aprendizaje, para quien enseña y para quien aprende. Ese profesor hizo que la información en clase la captásemos por medio de nuestros sentidos y esta información pasa por el sistema límbico o cerebro emocional antes de ser enviada a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Dentro del sistema límbico, la amígdala tiene una función esencial: es una de las partes más primitivas del cerebro y se activa ante eventos que considera importantes para la supervivencia, lo que consolida un recuerdo de manera más eficiente.
La sorpresa es otro factor que activa la amígdala. El cerebro es un órgano al que le gusta procesar patrones (entender cosas que se repiten siempre de la misma forma); es la manera como se enfrenta al mundo que lo rodea. Ahora bien, todo aquello que no forma parte de esos patrones se guarda de manera más profunda en el cerebro. De ahí que usar en la clase elementos que rompan con la monotonía benefician su aprendizaje.
La empatía (el acercamiento emocional) es la puerta que abre el conocimiento y con él la construcción del ser humano. Además se ha descubierto que, al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, el cerebro no es estático, sino que existen periodos críticos en los que un aprendizaje se ve más favorecido que otro. Por ejemplo para aprender a hablar el cerebro está más receptivo desde que uno nace hasta los siete años. Pero esto no quiere decir que después no pueda adquirir el lenguaje: la plasticidad del cerebro permitirá hacerlo aunque cueste más. Este descubrimiento de la existencia de periodos de aprendizaje abre nuevos debates sobre el sistema educativo y la necesidad de replantearse un nuevo modelo acorde con esta predisposición cerebral a adquirir nuevos contenidos concretos por etapas.
La neuroeducación recomienda que durante los primeros años de vida los niños estén en contacto con la naturaleza y no se les fuerce a permanecer sentados y quietos mucho tiempo, pues a esas edades es cuando se construyen las formas, los colores, el movimiento, la profundidad… con los que luego se tejerán los conceptos. Para poder madurar, es decir crear nuevas redes de neuronas, el cerebro necesita experiencias nuevas. De los 10 a los 12 años, en cambio, el cerebro está específicamente receptivo a aprender aptitudes, por lo que es el momento de potenciar la comprensión de un texto y de que aprendan a razonar de forma matemática. Y, en la adolescencia, el cerebro es plenamente emocional y choca con el actual modelo educativo que en esta etapa les obliga a aprender biología, física, química… materias totalmente racionales.
La neuroeducación ayuda a regular el aprendizaje de forma emocional para evitar personas desmotivadas y sin interés; ayuda a mejorar el aprendizaje con herramientas que ofrezcan los contenidos de la mejor forma posible para que capten la atención del cerebro según su edad, ritmos biológicos… Si aplicamos estas herramientas correctamente ayudaremos a potenciar y mejorar habilidades y talentos, o a detectar déficits en los niños a pie de aula que incapacitan o reducen su capacidad para leer, escribir, etc.
La cantidad de jóvenes desmotivados, que no quieren continuar sus estudios o creen que lo que están aprendiendo no sirve para nada, es alarmante. Y la única forma de combatirla es a través de maestros que enseñen a los niños a afrontar nuevos retos, que transformen el cerebro de sus alumnos aprovechando todas las herramientas que ofrece la neuroeducación para enseñar mejor. Algunos expertos afirman que si las clases fueran más vivenciales podría impartirse más conocimiento en menos tiempo. Los docentes deberían aprovechar lo que se conoce del funcionamiento del cerebro para enseñar mejor. Los niños deben entusiasmarse por lo que están aprendiendo.
Con este objetivo ISEP presenta su nuevo programa de Neuroeducación, un máster que proporciona conocimientos neuropsicológicos sobre cómo aprovechar mejor el desarrollo neurobiológico para adquirir aprendizajes y los diferentes trastornos o alteraciones neurológicas que afectan a la cognición y emociones en los niños y adolescentes dificultando el aprendizaje de algunas materias, aportando herramientas para aprovechar el máximo sus posibilidades. Al mismo tiempo, y en función de la propia maduración del SNC, desarrollar las habilidades que este posea. Se sabe que los seres humanos solo aprovechamos de media un 10% de nuestra potencial intelectual.
ISEP ofrece la posibilidad de especializarse en el área de la Neurociencia aplicada al ámbito educativo y del desarrollo infantil analizando las relaciones entre el cerebro y el aprendizaje desde una perspectiva evolutiva. Encontrar la mejor forma de adquirir conocimientos supone acabar con muchos problemas de aprendizaje catalogados como tal, pero que puede que solo sean una forma errónea de aprender. La neuroeducación permite encontrar la forma más adecuada para personalizar el proceso de aprendizaje y sacar el máximo partido de cada uno.
Marta Palomar, Instituto Superior de Estudios Psicológicos

domingo, 21 de agosto de 2016


Cómo aplicar la Teoría de las inteligencias múltiples en el aula



La famosa teoría de Howard Gardner requiere de diferentes estrategias del docente para
su aplicación en el aula.
La Teoría de las inteligencias
múltiples surgió en 1983, creada por el
psicólogo e investigador Howard
Gardner, la cual sostiene que 
la inteligencia no es una capacidad
unitaria, sino que hay 8 tipos diferentes
y todas poseen la misma relevancia. En
los últimos años este concepto ha
ganado una importante popularidad en
el ámbito educativo, donde se están
uniendo esfuerzos para aplicarlo y poder brindar una mejor educación, adaptada a todos los
individuos.
Esta teoría de Gardner supone una gran crítica a la visión tradicional de la inteligencia. A lo
largo de la historia humana se ha creído que la inteligencia es una capacidad relacionada con la
forma que tenemos de razonar y que posee las mismas características para todos los individuos,
pero se muestra en diferentes niveles. Por ser una habilidad igual en todos, las mismas pruebas
académicas sirven para evaluar el nivel de la inteligencia de los individuos.
El famoso psicólogo se posiciona contrario a esta idea, al plantear la Teoría de las inteligencias
múltiples. Esta concepción sostiene que la inteligencia no es única en el ser humano, sino que
existen diferentes inteligencias que marcan las potencialidades y habilidades de cada persona.
Por ello, la inteligencia no es medible de igual forma para todos los individuos, sino que se debe
evaluar a cada uno dependiendo su tipo de inteligencia, que se asocia a sus rasgos de
personalidad, sus inclinaciones y gustos.
Gardner propuso que existen al menos 8 tipos diferentes de inteligencias: Inteligencia 
lingüística-verbal; Inteligencia lógico-matemático; Inteligencia viso-espacial; Inteligencia corporal;
Inteligencia musical; Inteligencia intrapersonal; Inteligencia interpersonal e Inteligencia naturalista.
La inteligencia es, bajo esta teoría, una forma particular de ordenar el mundo a través de los
pensamientos. El sector educativo se ha interesado por esta temática y su implementación en las
aulas, pero resulta todo un desafío su implementación en el sistema actual.
La aplicación de esta teoría permitiría estimular las potencialidades de los jóvenes de acuerdo
a sus habilidades y gustos, que son de vital importancia para el desarrollo personal y laboral. No
solo se trata de transmitir conocimientos académicos, los docentes tienen la misión de ayudar
a los jóvenes a poder desarrollar todas las facultades de manera plena, para convertirse en
grandes personas y ciudadanos.
Para poder aplicar la Teoría de las múltiples inteligencias en el aula, el primer paso que deben
realizar los docentes es determinar la naturaleza de su propia inteligencia, para luego poder
comprender cuál es la inteligencia de cada uno de los estudiantes a través de diferentes
ejercicios de observación, que pueden demostrar las facilidades y dificultades de cada uno de
los jóvenes.
Existen diferentes tipos de actividades que pueden realizarse en el aula para evaluar y
observar las debilidades y fortalezas en cada uno de los estudiantes, de manera de determinar
cuál es el tipo de inteligencia de cada uno y potenciar al máximo sus habilidades.

http://www.yosoyigualydiverso.com/8276-2


Fuentes: Universia México
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